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De Quimeras y Ensoñaciones

Condoncita Encarná

Condoncita encarná.

Un cuentooooooooo, dos cuentoooooooooos, tres cuentoooooooos.
¡¡¡ El mundo era un cuento que se me escapó.¡¡¡
Un cuentooooooooo, dos cuentoooooooooos, tres cuentoooooooos.
¡¡¡ El mundo es un cuento donde vivo yo ¡¡¡

Erase que se era una pera en una regadera a cienes de lenguas palatinas de la casa d’el Gran Humano sin imaginación ni misterio alguno de la cosa, pues el cuento de Juan Pimiento, ese que se cayó en un pozo y se cagó adentro, era la simpar de parangón de conocidisísisimo entre las comunidades autonómicas del país de las brujillas sin escobas, pero con bolas de cristal y más locas que un rebaño de enanitos de Blancanieves cantando el hula-hop.
Pos arresulta que en este lugar moraba, -no es que fuese mora, que no lo era-, pero moraba, tampoco es que le gustasen las moras, que le gustaban a rabiar, no las moras de la morería, no, las de la zarza, esa que anda llorando por los rincones, ¡¡ Arsa mi Sarsamora.¡¡

¿Por donde iba, que me pierdo?. Iba contando que le gustaba recoger moras de las zarzas, pelín cutre la niña esta, pudiéndolas comprar en el Carrecuatro, pero en fins, esta niña, vivía en casa con su mamá que se hallaba separada, no de su marido, que también, que no era su marido, que no estaban casados, ¡¡ Que no zemos de aquí ¡¡ ¡¡ Que hemos venío a ve la Capitá ¡¡ , de su compi de sentimientos, y del padre de la niña, que eso decía su mama, pero su agüuelita le decía que ¡Vete tú a saber¡ y la niña no sabía que era eso del saber, y como su agüelita le dijo eso de vete tú a saber, como era obediente, se fue al cole, que era donde le decían que estaba el saber. ¡Pero cuan equivocados estaban todos¡ , el saber no lo tenía el cole, y menos la profe de natu que le hablaba de semillitas ó el cura de religión que le hablaba de píritis divinos, de vírgenes que no conocían varón y de la gracia divina, ¡Pues menuda gracia¡ , ni de mamá que hablaba de cigüeñas o de papá que le mandaba a hablar con mamá. El único que le enseñó el saber fue el Señor bobo ferós, ése si que sabía de saberes, y se los enseñó todos, al crecer ella, claro está, que ahorita, de niña, estaba en la inopia con tanto cuento de semillas, vírgenes, y cigüeñas …
Otra vez ando enredando la madeja con la que juega mi gata, es que se me ha metido entre los pies a jugar y me ha distraído, ¡Anda linda, vete a otro lado¡ ¡déjame escribir el cuento¡
Ya se fue. Ahora espero que no venga el perro.
Y eso, a la niña su mamá le llamó condoncita encarná, porque era fans del bobo feroz y también por que ella nació de una cita sin condón, condoncita, condón y cita, ¿qué?, ¿lo habéis pillao?, yo creo que sí, veamos, papa y mama se citaron y no tenían condón, pero si lo hubiesen tenido ella se hubiese llamado condonconcita, ¿ahora mejor?, pues no, claro que no, ¿cómo se hubiese llamado condonconcita si ella no hubiese nacido?, porque una cita con condón se supone que es una cita con condón y eso, ¿y si está picao?, pues se hubiese llamao condonpicaoconcita y no condonconcita a secas, pero se llama condoncita a secas, pero sin el a secas, o sea condoncita a secas, a secas no, eso, condoncita encarná y encarná por aquello de la similitud con el cuento, no por la Encarna del phone de la espe, no, por ella no, dejemos a la minestra en paz, pues ella, condoncita había oído hablar de su apedillo, el de encarná, tampoco que ella fuese la encarnasión de Kunta Kinte, ni de Matahari, no, no, a ella su apedillo le sonaba al Adestes Fideles Habánicus, una nueva especie de hombre neadertanlis, a Fideles Castus, ó era tal vez Capádicús, no, Cactus, Capránicus, Capicuus, Carajanuus, Cacatuanicus, Gúeno, daba igual, se llamase como se llamase, tenía barbas y trapezaba con el suelo de tarde en tarde, y fumaba habanos a ese le sonaba su apedillo de encarná, enrrojá y colorá, y también a Pasionarias y a Carrillos, y a glamur y perrestoicas. ¡Que niña más curta¡
A perrestroicas, ¡Cómo se entere Curro, su perro, de lo que le ha llamado, le muerde en un ojo ¡ . Y ella de colorá na, que esos eran los que siempre andaban hasiendo el indio, no los de la India, no, los otros, los de la piel roja, los pieles rojas, que ella pertenecía a la contra, no a la Nicaraguense, no, a la del séptimo de caballería, era ella una piel pálida.

¿De qué andaba yo escribiendo? . Ah, si, del cuento la caperucita roja, pues eso, condoncita encarná salió al bosque con su cestita a buscar níscalos, que también son casi encarnaos, anaranjaos, y llevárselos a su agüelita que vivía en una cabaña prefabricada en el fondo del bosque. Iba cantando Rap, o Rock, o Ron con Cocacola, eso de “Aguan va vuluva, valan van bu” , “Aguan va vuluva, valan van bu” , ¡Que ritmo¡ . En esto que aparece el bobo feroz:
-Ande vas titi, tía güena, tan solita por esta jungla de cristal y de asfalto. – Le dijo el bobo feroz, un tío con traje de Armani, corbata de Agata Ruiz de la Prada y maletín de piel de cocodrilo.
-Voy a ver a mi agüelita
-Vale, maja, ¿te puedo acompañar?
-¿Oyes, y tú podrías enseñarme lo de la semillita, la virgen y la cigüeña? , es que lo ando preguntado a todo el mundo y se me escaquean, más que mi gata a la hora del baño.
-Sería todo un plaser, en el camino, nos detenemos un ratito y te explico…
-¡Yupi¡ ¡Yupi¡ ¡Bien¡ . Cuando se entere mi gata.
Y de aquí a casa de la abuelita hay censura por parte del inquisidor de la santa moralidad de los cuentos.
La gata de condoncita se llamaba Marcelino, no es que fuese trasvestis, ni DracQuin, ni de la acera de enfrente, era gata y mucha gata, pero se llamaba Marcelino porque sólo comía y bebía pan y vino, Marcelino pan y vino. Condoncita le ponía en un bol el vino y la muy gata pillaba cada pedo, que ni te cuento, un día se le ocurrió ponerle en el bol agua, ¡Agua¡, esta condoncita esta chalaa, ¡ponerle agua a Marcelino¡, y la pobre gata, al lamerlo, bufó, se le erizaron los pelos del bigote y del espinazo, arañó el aire, se cabreó, ¡No se iba a cabrear, si le habían puesto agua para beber, en vez de vino¡ y dándose la vuelta, utilizó el bol como meaero y luego no tiró de la cadena. ¡Menuda venganza¡. Condoncita, al verla muerta de sed, le volvió a poner vino, y para compensarla por el desagravio le añadió otro bol, una con vino de Tetrabric Don Pimpon y el otro con vino de Botella de cristal Don Periñón, Marcelino se acercó a un bol, lo lameteó y puso cara de barriobajero pendenciero jugador de mus, luego lamió el otro bol y puso cara de gata sibarita teatral con monóculo (ella no tenía cara de culo, ni de mono, mono culo, ¿lo habéis pilla? , monóculo = mono culo, caca, pedo, pis, sino que puso cara de gata) , y una vez probados los dos eligió …. Eligió un menú degustación, osea, Marcelino iba de vino en vino, ella no vino de ningún lado, puesto que no se había ido, pero lamía un bol y luego iba al otro y de este al otro, mezcla, mulata, gata mulata, vino mulata. Lamía un bol y aluego el otro. ¡Pillo un pedo en esta ocasión¡ ¡Que ni con el perro quería jugar a asutarle y arañarle¡ ¡Jate tú¡ . Y condoncita observando a la gata Marcelino beber y preguntándose, ¿Cómo es posible que los gatos beban si no tienen manos?, y vio como usaba la lengua, sacándola y metiéndola para impregnarla en el vino, y pensó que tal vez la lengua de los gatos fueran una cuchara, pero esto lo descartó de ip so fac to y pensó aluego que tal vez la lengua de los gatos fuesen como una esponja que absorbían todo, pero le extrañó, porque cuando ella le ponía la mano junto a la boca, para impedirle que siguiera lamiéndose el pelo, ya que su gata Marcelino era la mar de relimpia y piltre y andaba todo el día aseándose y eso no era güeno puesto que se tragaba los pelos, condoncita, de vez en cuando le ponía la mano delante para impedírselo y equivocaba a la gata, pues Marcelino creía que era su propio pelaje el que estaba lameteando, ya que las manos de Condoncita eran peludas también, bueno, a lo que iba, que Condoncita no entendía como la lengua de Marcelino iba a ser una esponja si la tenía áspera, (no es que las frutas ahora formasen parte de la baraja, áspera, asmanzana, asnaranja y asplatano, jo, que pasada, fruta-baraja, pera por oros, manzanas por bastos, naranjas por espadas y platanos por copas y además con ases, un as de peras, áspera, la lengua) tenía la lengua tan raspante y áspera que era difícil entender que fuera una esponja, así pues que no entendiendo bien como Marcelino podía beber con su lengua decidió probar ella a hacerlo. Intentó meter su cara en un baso de agua, pero la tenía muy gorda, la cara, y no pudo, luego lo intentó con el bol del vino de la gata, pero seguía sin poder meter la cara en el bol y además Marcelino le dejó una gracia tatuada en su mejilla por intrusismo pofesional y ladrocinio premeditado, amos , que le arañó por intentar quitarle su vino de Don Pimpón, que era al que había vuelto, pues el Don Periñón sólo fue pa una ocasión. Aluego lo intentó con el lavabo, pero taba lleno de pelo, ¡Que azco¡, ¡Ni modo¡ , aluego con el W.C., pero tampoco le cabía la cabeza, caberle, si le cabía, pero como el agua estaba al fondo, y allá al fondo se estrechaba el asuento, su lengua no llegaba.
Asi que lo intentó con la palangana, pero a la palangana no le dio la gana dejarle beber, y lo siguió intentando con la bañera, pero esta vez fue el patito de goma amarillo el que le impidió acercarse salvo riesgo y prejuicios de salir sin ojos, porque el patito de goma se gastaba malas pulgas y picaba, picaba, ¡Amos que picaba¡, menudos picotazos al que se atreviese a invadir su ecosistema marino pelágico bañeril. Asi que Condoncita se fue pa la piscina, pero arresulta que estamos en invierno y la piscina de su chalete estaba vacía, ¡Jo¡ ¡Que Joroba¡ y decidió ir a la piscina cubierta munisipal, pensó que acá no iba a tener problemas y podría por fin averiguar como pueden las gatas beber agua con la lengua sin usar la manos, pues ella lo probaría, pero al llegar a la piscina munisipal cubierta, las calles estaban llenas, (no las calles de la ciudad, que también, pues estaba todo el mundo de compras pa las Navidades, no, las calles de la piscina, que también tienen calles las piscinas, ay que joderse que cosas), pues estaban a tope, llenas, más que la playa Gandia en Agusto, y allá se agachó junto al borde de la piscina para intentar probar a beber con la lengua, como lo hacía Marcelino, pero vio un cartel que rezaba (muy religioso no era, la verdad, el cartel ese) “Prohibido hacer aguas menores dentro de la piscina” y claro, Condoncita renegó de su intentó , pues ella bien sabía que lo Prohibido está puesto para saltárselo a la torera y no era cuestión de beber liquidito amarillo y calentito. Así que se fue al río, pero lo encontró puro chocolate y carpas muertas en la orilla, Puaf, puaf, ¡Ni modo¡ , y se fue al lago, pero Ay, que carajo, lo habían helado para transformarlo en pista de patinaje, pero ya cansada, rendida, hastiada de tanto intento y tanto desespero, se le ocurrió que le daba igual y pasó la lengua por el hielo del lago helado, pero al primer lametón se le quedó pegada y hubieron de llamar a los bomberos, a la guardia nacional y los paparatchi y salió en las noticias de las nueve. Ganó tanta popularidad que le ofrecieron un viaje a Canarias. ¡Aja, Pesfecto ¡, ¡¡ El océano ¡¡ .
El océano no es un culo pijo, osea ano, ¿lo habéis pillado? , culo-pijo, osea ano, ano=culo, pijo=osea, osea ano=océano=culo-pijo, ¿Ahora si lo habéis pillado?, uf pos menos mal, porque ya no sapía como explicarlo, pues el “osea ano” no es un sitio lleno de agua y sin paredes que te dificulten el meter la cara para poder beber, y además se supone que estará limpito y además el de Canarias no se hiela nunca. Así que allá se fue, y se llevó a Marcelino con ella, y al llegar a Canarias, una preciosidad, un lujo, toos los gatos pagados, quería desir gastos, no gatos, gastos, y se fue hacia la playa con intención de lamer el agua, al pisar la arena … ¡Que cuerpos¡ ¡Que culos¡ ¡Que músculos¡ .Falando de músculos, a Condoncita le gustaban las tres cosas, el mus de chocolate,los culos y los músculos, mus y culos y músculos y órdago y tres pitos rey caballo, y se le iban los ojos de cuerpo en cuerpo, de bulto en bulto y se me encontró de repente en el paraíso prometido, en el Eden, con tanto Adán, estaba en el Edén con tanto Adán tumbado boca arriba o boca abajo, por todas partes habían bultos, boca arriba se vislumbraban tres, dos abajo redonditos y un palito en medio hacia arriba y boca abajo dos piedras con un rió que corría en medio haciendo surco,
¡Que Adanes¡ Mejor, Adonis, uf, uf, y requeuf., -hacía como Marcelino cuando bebía vino - Y pasó dos días de cuento, hasta se olvidó de su bobo feroz y de su bosque y de su aguelita y de todo.
Anda la rehostias, pero si yo también me estoy olvidando que este es el cuento de la caperucita roja, bueno, acabo en Canarias y vuelvo al lobo.
Pues eso, que en dos días hasta aprendió a nadar, a base de ajogarse y tragar agua, pero lo hacia aposta ya que así tocaba carne musculosa de machos man adanes al rescate de niñas en peligro ajogándose en el agua. Y llegó la despedida, las lágrimas indundaron la playa, el océano, o lo que es lo mismo, el osea, el osea no, creció doce palmos con tanta nuevo aporte de agua del lacrimal de la Condoncita encarná. Y porque ella no se llamaba Isabel, que si no, una lágrima calló en la arena y luego Marcelino lo borró con el rabo para que nadie leyese tu nombre María Condoncita encarná. je,je, María Isabel. Y así fue y así paso ese finde de dos días en Canarias y regresó al bosque, a casa de su mama y allá volvió a ver como Marcelino bebía vino a lametones con la lengua y se dijo, ¡¡¡ Ay, Carallo,¡¡¡ ¡¡Que olvidé en Canarias lamer el agua del osea no, ¡¡¡
¡¡Jo, que rabia¡¡ . ¡¡ Que yo había io a eso, a lamer el agua y lo que lamí fue otra cosa ¡¡¡.
Pues el año que vuelve vuelvo.
¿Y por donde iba?, ah, si, que Condoncita y el bobo andaban dándose paseos por el bosque y haciendo cosas y como esto, que la mujeres después de y antes también, tienen que emperifollarse, el lobo, el muy ladino, después de f. con la nieta lo quería hacer con la abuela, y mientra Condoncita se emperifollaba, el bobo se puso en camino hacia la cabaña de la agüela. Tralarí, tralará, tralarí. Lere lere lere.
Y llegó a la cabaña, aña, aña, aña, y llamó a la puerta.
-¿Quién osa llamar a la puerta a estas horas intempestivas? – le contestó la agüela-
-No es osa quien llama, que esas están invernando en invierno, es bobo, no, no soy bobo, soy tu nietecita Condoncita, con níscalos del bosque.
-Pues pasa nietecita, que la puertita está abiertita.
Y el bobo penetró en la casa de la agüelita, que vaya peazo casa se gastaba la muy señora mía, ¡Con más cuartos de baño que la Presley¡ ¡Y sistema de calefacción en la caseta de la ardilla¡ .
El bobo pensó que la agüelita estaba de toma pan y moja, mejor aun que la nieta. Amos, que le haría un favor allá mismo, y además se lo ponían a güevo, pues estaba metida en la cama, con un picardías rojo transparente y sedoso, talmente insinuoso y erótico. ¡Jo, que tía más buena¡ ¡Que Tía¡ , esto…, quería decir que… ¡Que abuela¡.
Un poco cegata, miope, con estrabismo, como Mister Magoo, pero que diantres, la ceguera de la aguela no impide que esté muy Güena.
- Acércate, nietita, que sin gafas no veo bien.
- Te traigo una cestita de comida para hacer una sopita
- Bueno, bueno, pero no te acerques tanto que te huele el aliento a ajo. Y ahora que te veo de cerca, Condoncita, que ojos más grandes tienes.
- Son para verte mejor agüelita, que me hice la estética, me depilé las cejas, me estiré las pestañas y me pinte de fresas del bosque los párpados.
- Y que voz más ronca tienes, Condoncita.
- Es que estuve comiendo ajo y después de tanto intentar meter la lengua en recipientes diversos para saber como diantres Marcelino es capaz de beber vino con la lengua, pues esta se me ha hecho estropajo y ahora hablo ronca.
- Y que narices más grandes tienes.
- ¡¡ Manda narices ¡¡¡ . Ahí te equivocas agüelita, es que vengo de Carnavales y aún no me quité la nariz de payaso.
- Y que orejas más grandes tienes, Condoncita.
- Es que estuve de visita oficial en Inglaterra, al ver al príncipe Carlos, y ya sabes, lo malo siempre se pega, y me pegó las orejas, que crecieron, crecieron cual nariz de Pinocho.
- Y que Boca y Dientes más grandes tienes
- Son para comerte mejor, agüelita. Para comerte a besos, a lametones, para quitarte el picardías a mordiscos y untarte con fresa con natas por el cuerpo y …
- Tú no eres mi nietecita, que ella no es lesbi, tú, tú, tú, tú, tú eres …, ¡¡¡ el bobo ¡¡¡.
- Muy cierto, agüelita, Eva, permites que este bobo se meta entre sus sábanas, que traigo mucho frío del bosque.
- Pues claro, hombre de Dios, quiero decir, Bobo del Demonio, entra en mi cama y cómeme lo que quieras, que para eso estamos. ¡Estos hombres, mira que se hacen de rogar¡ ¡Estos Bobos¡
En esto que el bobo se metió en la cama y se puso a comerle el … a la agüelita. Aluego le toco a ella, a la agüelita Eva el comerle a él la p. y se metió entre las sábanas, allá oculta para realizar la acción. Y en esto, que tocan a la puerta, y era Condoncita, que una vez terminada de emperifollar había llegado a casa.
-Toc, toc, tic, tac, tolon, tolón, Teeeeengo una vaca lecheeeeera, con las teeeeeetas de madeeeeeera, me da leeeeeeche mereeeeeeengada, ay que vaaaaaaaaca tan salada, Tolón, tolón. En fins, el timbre de la puerta de la choza de la agüela cantaba esa canción, ¿qué pasa?, Cada cual le pone al timbre de su puerta y al móvil la canción y el sonido que le da la gana, ¿o no? . Pues eso, que el timbre de su puerta cantaba la canción de la vaca lechera cuando sonaba.
-Es Condoncita, mi nieta, no puede vernos juntos bobo, toma, ponte mi picardías rojo y yo me escondo entre las sábanas , que soy mas pequeña y así de paso sigue comiéndote la p. que aun no he terminado.
- Mira que lo hago por ti, que yo mariconadas de estas no, eh, pero güeno, si es por una buena corrida, hasta me pongo tu picardías y lo que haga falta.
-La puerta está abierta, Condoncita, pasa, pasa – dijo el bobo que eso era lo que creía, lo de pasa pasa, que creía que la aguelita estaría como una pasa, pero quía, mas lozana y wuenorra que la Yola y la Marlen haciendo duo-
Y Condoncita entró en la Choza, se acercó a la cama y le dio un beso a su aguelita.
-Te sienta pequeño el picardías rojo, abuelita, tienes que hacer mas deporte, que estás engordando un montón y te están saliendo pelos hasta en las orejas, me recuerdas a un señor que me ha enseñado lo de la semillita en el bosque, ¿realmente te encuentras bien aguelita? .
-Si hijita, ¡Muy bien¡
-Aguelita, parece que tu voz te sale de la tripa y no te vi mover los labios.
-Es que me he comprado todos los videos de Jose Luis Moreno y estoy aprendiendo ventriculología, hasta me he comprado un muñeco Macario que dice ¡¡Toma Moreno¡¡.
-Y como es que tienes esos ojos tan grandes, aGuelita .
-Para verte mejor, cariño, es que con la edad si una no se hace un lifting se le caen las cosas
`-Y como es que tienes esa boca tan grande, agüelita
-Es para comer mejor, como ya viste, Condoncita, me estoy poniendo muy gorda y es de tanto comer y no veas ahorita, en Navidades, con los pavos, los turrones y mazapanes, la boca se me hará un buzón de correo.
-Y como es que tienes esa nariz tan grande.
-Es por el frió, que se me han hinchado las narices, y por culpa de Marcelino, que le tengo alergia a los gatos y cada vez que me lo traes no hago más que estornudar y las narices se me ensanchan cual embudo de la ley de Murfi.
-Y como es que tienes esas orejas tan grandes, abuelita
-Pues pa escuchar a la Montserrat Cabaret , no a la que canta ópera, no, que a esa no me gusta ni la entiendo cuando canta, no, es a la Montse, que tiene un Cabaret en medio del bosque y como yo no salgo apenas de casa, tengo que escucharla desde aquí y mis orejas crecieron para poder oírla.
-Y como es que tienes esa boca y esos dientes tan grandes, agüelita.
-Son para llenarte a besos y lametones y para que formes un trío con vuestra agüelita, ¿querés Condoncita que os vuelva a enseñar lo de la semillita?
En esto que Condocita ve como algo se mueve entre medio de las sábanas y vislumbra a su aguelita allá abajo, perdida, y le dice al bobo.
-Tú eres estúpido bobo, no entendiste que lo de la semillita me lo explicaron en Canarias y allá era al verrés, yo y dos, y ahora aca somos dos y vos, salgo perdiendo en el cambio, allá tenía a dos para mi y acá tengo que compartir a uno con mi aguelita, y ese uno tiene pelos, y eres tú, so bobo, pero en fins, si no hay más remedio, se hará un esfuerzo, pero pienso volver a Canarias, que allá si saben haserlo bien.
Y Condoncita se metió en la cama.
Después a media noche, el bobo feroz se quedó profundamente dormido de agotamiento y cansancio y Condoncita, insatisfecha, salió al bosque a buscar al cazador para proseguir su relación amatoria, encontrole y díjole que en casa de la agüelita tenía esta cienes de habitaciones llenas de camas blandas y allá se dirigieron ambos. El cazado encontró al bobo durmiendo y al entrar se despertó con el portazo que dieron y porque se le disparó la escopeta al aire. El bobo se asustó un porrón al verle acercarse con la escopeta en la mano, pensó que sería algún marido, amante o cosa similar de la agüelita y se le subieron los webs a la garganta, pero se tranquilizó al ver que le ofrecía una bota de vino y entre los cuatro organizaron una parranda de vino y fue entonces cuando Condoncita aprendió a beber como Marcelino, pues el vino se esparramó por el suelo, que era de Porcelanosa, impermeable y se formó un charquito en las baldosas, allá, a cuatro patas, Condoncita empezó a lamer del suelo el vino, y si, su gata era sabia, sabía beber, se podía beber sin usar las manos, y sobre todo, si era vino Don Periñon, y no Don Pimpon, que el vino que tiene Asunción, ni es tinto, ni es blanco, ni tiene color, perdón que el vino que usaba el cazador era vino de Don Periñón que con el aroma achinado de la Porcelanosa sabía a Isabel, a borrachera y a buen yantar. Y Condoncita se sintió mejor con el cazador, pues ya eran dos para dos en hacer el amor. Muy bien, todo muy bien. Y a la mañana siguiente, el bobo, con tanto vino en la tripa, le entró una sed enorme y se fue a beber agua al pozo, un pozo en el patio interior de la casa de la agüelita y allí se asomó al brocal del mismo para sacar con una garrucha el agua del pozo y …estuvo en un tris tras de caerse adentro y ajogarse, pero no fue él el que se calló, sino que le entraron arcadas y echó la pota a su interior, ¡¡uf, que azco¡¡.
Y la aguelita de Condoncita encarná le regaló a su nietita un millón de euros como compensación por haberle introducido en su vida al Señor don bobo feroz y hacerla tan feliz, y Condocinta con ese dinero, invitó al cazador a viajar a Canarias, donde comieron perdices y fueron felices y todos los demás nos dieron por las narices y asín colorín colorado este cuento de Condoncita encarná se ha san acabado.

Alá-Li La-Baba y los cuarenta mamones

Erase que se era una oruga en una higuera la mar de fea, -la oruga, no la higuera,- de pelos toda ella llena ¡¡ Que festín de higos y brevas se estaba dando la muy pendeja ¡! , y papeando, papeando, papeando este cuento entre orugas , higos e higueras va empezando ando ando ando ….
En una ciudad de un país muy lejano ano ano del oriente peninsular, de nombre Alí Canté, cuyo nombre según me comentó la Fulgencia Ustaquia, la del quinto pino b, se atribuye a la fama que tenía un morito de nombre Alí, y no a su capacidaz pulmonar pa`l cante jondo, no, sino por sus pies, ya que cada vez que se aligeraba de alpargatas y medias-carcetines , ¡! Qué Cante ¡! ¡¡Qué cante de pies, madreeeeeeeeeeee ¡¡ ¡¡ Que cante¡¡ , y por ello aquello del Alí Cante.

Pos en esta siudad tan linda vivían en el barrio de la Casba una pareja, con cuatro orejas, no es que tivieran cuatro orejas cada uno, no, entre los dos, dos a dos, cuatro ovejas, cuatrocientras abejas y la picha del marido siempre tiesa. Esto de la picha tiesa no viene al cuento, pero era para haber logrado un pareado rimado. ¡¡Ah, si …¡¡ ¡¡ Un pareado …¡¡ ¡¡Pues yo también quiero un pareado ¡¡ … No me seas pobre a la hora de pedir, ya que puestos, pide un Unifamiliar y en la Moraleja, (para los de fuera de Madrid, zona residencial con muchos posibles), osea una pareja con cuatro orejas en la Moraleja , si, si, Ahorrando ahorrando, ni cuando llegue a vieja me compro yo un chalete en la Moraleja, pues con su pan se lo coman todas esas Péndejas de las Moraleja.
¿Qué carajo tamos haciendo en la Moraleja? ¿ de turismo? ¿Y el cuento? , bueno, diantres, volvamos a Alícante.

La pareja de Ali Cante del Cuento eran humildes trabajadores dedicados a la recolección la aceituna, si, si, que los olivos se habían traido de Úbeda, él se llamaba Alá-Li La-Baba, es desir , era musulmán mahometano ano ano, de la época anterior inmedianta a los Reyes Catatónicos, ó era Rayos Catódicos, o Rollos de Catecismo, no ma`cuerdo, eso zi, se llamaban Sabel y Fernando, a lo que iba, se llamaba Al.a, pos Alá por musurman y La-Baba por que era hombre y ya se sabe lo que se cae cuando un hombre encuentra a una mujer, eso, se cae La baba, ya que lo otro no se cae, al verres, se levanta, se empina y se pone tiesa aunque no estemos en la Moraleja.
El que trabajaba en la aseituna era solo Alá-Li La-Baba, pues la mujer, en casa, que estos moros son suyos, mucho muchismo machismo, haciendo aceite de las aseitunas, pues ya ni te cuento el saborsito que tenía el aseíte de Alí Cante con la fama del Cante de pies de sus conciudadanos, los muy, muy, muy guarros se lavaban los pies en el lagar estrujando las olivas con los mismos pies , llegaban con sus pies al lagar oliendo a queso Roquefort y salían oliendo a lo mismo, pues ni el pisado de la aceituna les lavaba el olor, ¿pero la aceituna también se pisa con los pies? Yo creía que era la uva. Mecachis. Pero de la uva solo sale vino y pa`l cuento hase falta aceite pa meterlo en las tinajas ajas ajas.

Cierto día cuando Alá-Li La-Baba se dirigía al olivar, (a saber tú a que iría allá, a trabajar me extraña), oyó ruidos de muchos cascos , no de los que se oyen en los bares ó en el botellón en la noche de litronas cerveceriles, no cascos de botellas, no cascos tampoco de Alvaro, no , sino cascos de caballo a todo galope, se escondió tras un peñasco asco asco a verles pasar y los contó, aunque paresca extraño, sapia contar, one, dos, tris, catro, five,seis, … y con la lengua ajuera dijo cagenta y uno. Ya sé, ya sé, ya sé que el cuento se atitula Alá-Li La-Baba y los cuarenta Mamones, pero… ¿Y el jefe? ¿Eh? ¿El jefe? , el jefe de los mamones se cuenta aparte, como en los tres mosquisteros, que eran cuatro, pues Dartacan se cuenta aparte, que eran, al que Atan, (Athos), el que lo Porta,(Porthos) y la Fuster, osea Aramís . tres, habéis visto + Dartacan son cautro, no tres, pos eso pasa con los Mamomes, eran cuarenta más el jefe .

Ala-Li La-Baba decidió al día siguiente seguirles y vió como se paraban delante de la montaña, esto era porque eran moros y ya se sabe que si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña, y Mahoma se llamaba el jefe los mamomes , se paró allá delante y dijo : “Aaaabreeeeete Seeeessssaaaaamoooo” y la montaña se abrió cual mujer de burdel y entraron todos por él, no es que entraran en un burdel, que si que también lo hacian, sino por una puerta de piedra a un cueva.
Y La-Baba esperó, esperó a verles marchar, cuando se piraron con viento fresco, contándolos de nuevo, no fuese que quedase alguno adentro, hombre listo el Alá-Li, se plantó delante la montaña y le gritó:

- “Arreate un Cuesco” –No pasó nada, carajo, no era así y eso olía-
- “Agarrate Serrano” –Ca, ni por esas y casi hasta se cae por no agarrarse-
- “Anacleto er Sevillano”-Que no, que no, joer, ¿cómo diantres era?-
- “En un Brete se la mete” – Ni modo, y si no se deja, ¿qué?-
- “Ábrete de patas serrana” – lo probó sin lo de “de patas” y tampoco coló-
- “Ábrete Susana” – Ni en toda la mañana-

Y eso que acabo de decir que La-Baba era listo, anda, que sino, pero suerte, tenía un porrón, eso si, pues resulta que la montaña tenía eco con retardo, y habían pasado como unas cinco horas desde que los mamones se fueron y tatachín, tatachán, llegó el eco con retardo y se oyó la voz del jefe de los mamones en off, a través del eco …. “Aaaabreeeeete Seeeesaaaaamoooo”
Y claro, la cueva se abrió y Alá-Li entró y ¡Oh Mahoma! , aquello estaba repletito de tesoros, doblones de oro, joyas, alhajas, monedas de plata, ostras con y sin perlas, y hasta un teléfono móvil, si, ya se que estamos en la época de los Reinos moros de los Radios Catalinos esos, la Sabel y el Fesnandito, pero es que sin el móvil ya no puedo vivir, ni en los cuentos, asi que os jorabáis y apechugáis con que en la cueva también había un móvil, desde el que llamó a un restaurante, luego a un concesionario de BMV, a una agencia de Viajes, y a una inmobiliaria de la Moraleja, a su mujer, desde luego que no.
En esto que llega el eco con retraso de nuevo con la voz del jefe en off … “Cieeeerrrrateeee Seeesamooooo” y el Alá-Li La-Baba que se me queda encerrado y a oscuras. Eso si, ya había cargado con tesoros sus bolsillos.

-“Ábrete Segismundo” “Ábrete Sesos” “Abrete Sizu” “Ábrete Teta” “Ábrete de piernas” “Ábrete de una vez” – El pobrecito se quedó seco de hablar tanto, pero ni modo. Cansado y cagado de miedo se arrinconó en un rincón a esperar llegar a los mamones, y llegaron, amos que llegaron, a los dos días, y se abrió la cueva, y Alá-Li La-Baba pudo escapar sin ser visto, no me digais como lo hizo, pero lo hizo, que se mi entretengo no acabo el cuento ni en el 2005. ¡¡ Por el culo te la hinco ¡! (Gracias niña por la sugerencia), y corrió a su casa y escondió el dinero y joyas sin decirle nada a la mujer, decidido a volver a por mas al día siguiente,

¡¡ No me seas tan Avaro que el rompe sacos por abarcarlo se te va a joer !! ,- Esto se lo dije yo, el autor del cuento, pero como a mi no me hace caso nadie, y menos un personaje de cuento, asin que volvió al día siguiente a por más, y esta vez, como el muy pillín había apuntando en un papel la frase, entró como Pedro por su casa y salió mas rico.
Esta lasaña, uy, es que ya tengo un hambre, que no desayuné, perdón por la interrupción, quise decir hazaña, no lasaña, hazaña, es que el jambre cuando el estómago gruñe piensa en el cerebro, bien, pues esta hazaña se repitió muchas veces, siempre procurando llevarse de tal manera el botín (a Emilio desde luego no le haría gracia) que no se notara, pero hete aquí que al jefe de los mamones le llegó la factura del móvil, que por respeto a los móviles ajenos Ala-Li siempre lo dejaba en el mismo sitio y para que nadie sospechara que habían estrado ladrones en la cueva, pero claro, la tentasión es la tentasión y a algún que otro 806 o tefóno rótico eso si que llamó y claro, Mahoma, el mamón jefe investigó investigó investigó la susodichas llamadas, lo del 806 no le extraño , pero lo de la Inmobiliaria de la Moraleja eso si, y descubrió entonces que les estaban robando, y encontró al ladrón a traves de sus aptitudes detectivescas móvil_lires, ….¡¡ Lo capo ¡¡ … ¡¡ A este tio lo capo ¡¡

Pero ellos eran mamones y los mamones estaban perseguidos por las justicia, no podían así como asin presentarse en el pueblo e idearon una artimaña de tamaña calaña que no se la saltaba una araña. El jefe mamón se haría pasar por comprador de aseite y llegaría al pueblo disfrazado con una carreta con cuarenta tinajas, donde se esconderían sus hombres, los cagenta mamomes. Esperó a que Alá-Li La-Baba se fuese de casa y entonces llamó a la puerta. Piticlin, piticlin, Toc, toc. Y salió la mujer de La-Baba, a la cual el jefe mamón le dijo que era un comprador de aceite y traía cuarenta tinajas para que las llenase de aceite.
uy, uy, dijo la mujer, esas son cosas de mi marido, no está, lo que podemos hacer es meterlas dentro del patio y cuando vuelva al anochecer yo se lo digo y ya apalabran vosotros ustedes el precio.

Y así quedó la cosa.

El ladrón mamón había metido a sus hombres en casa del traidor y ahora solo tocaba esperar la hora de su vuelta para matarle. La muller, al ir a hacer de comer, le faltaba aceite pa freir espárragos, manda huevos mandar a freir espárragos, pero a La-Baba le pirraban los espagarros fritos y se asercó al patio, ya de anochecido a buscar el aceite que tenían por montón, con olor a queso Roquefort, y en esto, un mamón al oir ruido afuera dijo, “¿Ya es la hora?”, la mujer asustada de aquello solo supo decir, “no aun no” Pues todavía no había terminado de freír los espágarros, to extrañá llamó al marido por el movil y le contó lo que pasaba, todo, todo, y Alá-Li a su vez se lo confesó todo, “mira mujer, que son mamomes”, “si hay cuarenta tinajas eso es que en cada una hay un mamón esperándome pa matarme y robarme el tesoro” . “Ahora güelvo” , “salgo corriendo del burdel y …, no quería decía burdel, no, no, bedel, bedel, es que la tía esta no me deja vestirme, que no, que quería decir que el bedel de la oficina no me quiere entregar la gabardina”. “En un pis estoy ahí” “meo y ya llego”.
“Ya he llegado”. ¿Qué hacemos ahora?.

Vete calentando aceite que esto lo arreglo en un periquete-Le dijo Ala-Li La-Baba a la mujer- Y esto, bueno, ya sabéis lo que pasó, ¿no?, Fueron vertiendo el aceite hirviendo en cada tinaja y mataron a escaldao a toos los mamones.

¡¡ Pobres mamones, me dan una pena ¡! ¡¡ Todos escaldaos ¡¡

Y esa noche, por el móvil, llamaron al 091 avisando que el jefe de los mamones llegaría por la mañana a su casa y allí le podrían atrapar, y ¡¡ Ofresían hasta recompensa y todo ¡! y Ala-Li La-Baba y mujer se hicieron ricos, inclusive después de pagar el IRPF a Hacienda y se instalaron en la Moraleja y como el mamón que roba a otro mamón tiene cien años de perdón y a los cien años todos calvos, el final fue de perdones perdices codornices narices y calvos y

… pata tin pata tan este cuento ha llegao a su final.

El plato roto

Yo, romper un plato, lo que se dice romperlo, pues si, pa´qué mentir.Uno.

Te cuento tal cual pasó. Que es verídico todo, salvo lo de mi tio.

Pues resulta que tenía en la nevera una cominera, un cacho que sobró del día anterior del puchero del potaje de garbanzos.
La cominera la trajo del pueblo mi tío, peón caminero, el padre de Robustiano, y pa`que veas que muchos dichos son falsos, no te los creas todos, ese que dice "eres más vago que la chaqueta d´un peón caminero", es más falso que una monea de cinco euros ó un billete de dos, ¡ya te digo ¡,de vago nada, que mi tío se fue pa`l pueblo na más que pa arrecoger la morcilla, pues que sepas, que es morcilla cominera, aunque tardó tres años en regresar, pero eso es lo de menos, es cominera, no por mi tío el caminero, que él no le puso el nombre, que no, que vago no es tampoco, pero luces apenas tiene y menos en poner nombres o motes a las cosas y de bautizos ya ni te cuento, pues con sus cinco hijos, que cinco tenía, ya gastó su dosis de imaginación, les puso de nombre,-aunque el cura no se los aceptó-, al primero Chacha, al segundo Cheche, al tercero Chichi ,al cuarto Chuchu, dicho todo de corrido, Chacha, Cheche, Chichi, ...,Chuchu, ¿Adivinas como se llamaba el quinto de los hijos?.

Pues eso mismo, ya te lo dije antes, Robustiano.

Lo de morcilla cominera es porque lleva como condimento comino, y me chifla y rechifla, está de muerte, al igual que la mondonga, otro embutido similar y el buche y no sigo con esta retahíla de chacina variada de mi pueblo que no acabo, que yo quería explicar tan sólo lo del plato.

Pues eso, que cojo la morcilla cominera de la nevera, que está sobre un plato de cristal, de duralex, que tal vez lo hayan cristalizado acá al lado, en la fábrica de cristal de Vicasa, y como la cominera, aunque se puede comer cruda, cocida ó frita, que de todas formas está rica, pues fría como que no, la forma más sencilla de prepararla es cocerla simplemente con agua unos diez minutos, aunque esto depende de lo tierna que esté, pero si la agregas al caldo los garbanzos, ya es que está de vicio, ¡y le da un gustillo¡, que porque no me ves, que si no, me verías relamerme los labios del gusto, no más de diez minutos, pues como suele estar tierna, se espanzurra y se sale de la tripa, se estripa toa ella y pierde su elasticidad, como mujer sin corsé, pero que no por ello deja de estar sabrosa.

Yo que cojo el cacho que sobró pa calentarlo en el microondas, con el plato, y lo programo a 40 seg., con 20 creo hubiera bastado, y lo dejo que se vaya haciendo, y al ratito que oigo un estallido o dos, y un crujido o cuatro y un graznido, -este último ruido por la ventana, de un grajo del carajo-, y al ir a ver, humo dentro del cacharro a tutiplen y la cominera crepitando.
Le doy al stop cuando el reloj iba ya por 39 seg. pa que la cosa no fuera a más y porque no me gusta que el cacharro me toque el pito porque me irrito. Y ahí lo dejé, a ver si la niebla se iba y podía ver a Jack el Destripador por las calles de Londón junto al Támesis, pero como que parecía que iba a ser que no, lo que vi fui la cominera echando humo, toa negra, no quemada , no, sino que ella ya viene así, de fábrica, pero toda espatarrada sobre el plato, esparcida, como si hubiese esplotado,y si, había estallado, y taba toa ella estripada y diseminada por el plato, el cual apenas se veía, pues lo tapaba todo, pero estaba güena pa comerla, no te creas, y con el olorcillo, ¡¡un hambre que me taba entrando¡¡ ,abro la puerta,y me veo un cacho de vidrio roto sobre la pletina, allí mismito, como durmiendo la siesta, cojo el plato por el borde y se me queda en la mano un cacho de cristal .

¡Que burro¡ ¡Ya me cargé el duralex¡.

Pero no, va a ser que mis manos son delicadas, y entiendo que el ruido previo que escuché fue que el duralex se rajó. A mis murmuraciones de sorpresa y de que se ha roto,alguien de la familia que me grita:

- ¡Ya te lo has cargado¡ ¡Ya te lo has cargado¡
- ¡Que no, joer,que no, que el micro está enterito¡-les grito- y ya con mucha jambre que saco el plato sin el cacho roto, con la morcilla encima, ¡¡¡ que olía a gloria bendita ¡¡¡ y me voy con ella pal comedor, con el pan, y al cruzar la puerta que oigo un ruido,que en este caso sucedió al reves que con las tormentas, que ves primero el relámpago y escuchas aluego el ruido, pues en este caso, yo escuché primero el ruido y luego que asustao miro a mis pies y cienes de miles de hormigas de cristal que escapan en todas direcciones cual cienes de caracoles en monopatín huyendo del tendero de la esquina.

- ¡¡ El duralex, que se me calló al suelo a plomo con la cominera encima ¡¡, ¡¡ Marditos sean toos los roeores ¡¡

El plato que se hizo añicos, aunque en el fondo, allí había mucha belleza, ¡¡ Pero que espectáculo más bonito!! ,trozitos que reverberaban la luz por doquiera, en cachiticos cuadraditos esparcios por to los sitios, los pedacitos de cristal dando brinquitos y yo que me volví a quedar con un cacho en la mano.
El plato que se rajó por más de un sitio y yo sin haberlo visto.
Mardito microondas, se había cargao al duralex, mardito duralex, le habrían echado poca arena y yo que me quede a ajo y agua y sin la cominera probarla, ya que no era cuestión de limpiarla. Y no había más cacho de morcilla cominera. Era verano, yo andaba descalzo y me sentí atrapado cual mosca en la tela doña Tecla.

Y era el último cacho que quedaba, así que mi tío se ofreció voluntario para traernos otro hilo de cominera, pero ya han pasado cuatro años desde entonces y aun le estamos esperando.

La casa

Regresaba de la sucursal bancaria, contento, feliz, tenía recién cumplidos los sesenta años y al fin, después de cancelar anticipadamente el resto de la hipoteca de su chalet, al fin era su único propietario, nada de bancos, nada de letras protestadas, nada de mensualidades, no importaba que hubiese tenido que pagar un 2% de cancelación de ese último millón restante, pero había echado cuentas y fiscalmente le salía más rentable. Cosas de Hacienda y del IRPF. Y también canceló el seguro contra incendios que el banco le obligó a suscribir conjuntamente con la hipoteca. No quería pagar ni un duro más, ya había pagado con demasía intereses desorbitados. Y ya suscribiría él un nuevo seguro con otra entidad de su confianza, no con la que le habían obligado a suscribir la hipoteca.

Por cuestiones laborales trabajaba en la ciudad, de conserje, de portero, donde vivía con su mujer desde hacía siglos en una portería de un bloque de viviendas donde habían criado a dos hijas que hacía tiempo habían volado de aquel mísero nido, de aquel cuchitril de escasos metros mal organizados y peor construidos.
En su día libre, uno a la semana, cogía el coche y se alejaban de la ciudad caminito de su chalet, era cuando se sentía libre, realmente libre, se sentía muy orgulloso, era, después de su familia, lo más importante para él, donde había depositado todos sus ahorros, esfuerzos, y trabajos durante los últimos veinte años, privándose sin necesidad de muchas cosas, viajes, comidas fuera de casa, teatros, cines, conciertos, caprichos, un sin fin de cursilerías, como él llamaba a todo aquello.
Sus vacaciones consistían en arreglarlo, limpiarlo, asearlo, siempre atento a una nueva chapuza, a un remiendo, a un arreglo en el jardín ó en el interior, siempre atareado y ocupado. Su jardín, era el escape de ambos, siempre con un detallito para él, especialmente de primavera a otoño, la plantación, el abonado, la poda, la siega del césped, la instalación y cuidado del sistema de riego automático, el sulfatado de la parra, la lucha contra el pulgón, el aireado de la tierra, todo un sinfín de quehaceres. Y sus rosales, sus setos de arizónicas, los bien cuidados frutales, el huertecillo para consumo doméstico, el estanque de peces de colores, la rocalla con plantas aromáticas, y hasta un invernadero y una bodega constituían aquel santuario natural.

Después de salir del banco, recogió a su mujer y en medio de la sofocante calima mañanera emprendió el viaje, dos horas largas de trayecto hacia su libertad.
Dejó aparcado el vehículo a la puerta de su chalet, y se dirigió al jardín de atrás, despreocupado, a mirar sus rosas y recoger alguna que otra fresa, cuando escuchó un estruendo, pero pensó en los vecinos, hasta que su mujer le llamó a gritos, al salir escuchó algo sobre el coche. Ya no estaba allí.
Ingenua y olvidadizamente había dejado el automóvil sin el freno de estacionamiento puesto y este, debido a la suave pendiente de la calle, se había deslizado lentamente a favor de la gravedad, y sin que la fuerza de rozamiento lo hubiese impedido, se había detenido junto a la farola que hacía esquina con la casa, golpeándola, doblándola livianamente y dejando en el suelo los restos de plástico del bombín. Gracias a Dios no había pasado nada más, ni siquiera el coche estaba dañado, un leve abollón imperceptible en el parachoques trasero. Recogió los restos de plástico y los depositó en el contenedor de basuras, despreocupándose de nada más.
Al poco tiempo llegaron sus dos hijas y sus tres nietos, y entre los siete pasaron una velada muy agradable celebrando con cava la recién adquirida propiedad del chalet, el dejar de pagar más y más letras y se rieron al contar el incidente del coche, inventado chascarrillos :
- Lo que ocurre es que tu coche es un zascandil, un picarón tunante – bromeó una de las hijas – y lo que quería era intimar con la furgoneta de tu vecino, así no más que dándole un besote grandote, pero mira por donde, la farola se puso en medio y le jorobó el plan. Celosa farola.
¡Celosa!. ¡Celosa!. ¡Celosa!. Gritaron todos, a la vez que reían. Y el abuelo se sintió ufano y orgulloso por sus nietos, por esa graciosa manera de decir con sus trapaceras vocecillas la palabra Celosa.
Y era cierto. Sí. Si la farola no le hubiese detenido, su vehículo hubiese golpeado la furgoneta del vecino, situada un palmo nada más atrás del farol.

Y aquella adorable y deleitosa velada tocaba a su fin, les esperaba la ciudad de nuevo, el volver a.
De regreso a la ciudad, ya en las calles, a bordo de su vehículo, observó como las luces de la urbanización se iluminaron, excepto los faroles de cuatro calles en hileras adyacentes a la farola golpeada, formando una especie de cruz cuyo centro se hallaba en la propia accidentada.
Daba la sensación que había dejado a media urbanización sin luz, y eso pensó y arguyó el orondo y recién nuevo propietario, pero, ¿cómo va a ser eso posible?, que por una farola, todas las demás no funcionen. Bueno, si ha sido por culpa tuya, al fin y al cabo, cochecito – comentó al viento - ya lo arreglarán y que me pasen la factura, si es necesario.

Y se alejaron sin prever que por culpa de ese fortuito accidente, un cortocircuito, y a raíz del cual prendieron los restos secos de “Arizónicas”, procedentes de la poda del mes anterior, que se amontonaban junto a la farola golpeada, en el jardín del chalet. Más cuando las llamas lamían los muros de la casa, ellos ya estaban lejos.

- La semana que viene, iré al banco a suscribir la nueva póliza de incendios para la casa, siempre es mejor estar prevenidos, nunca se sabe lo que va a pasar – se dijo a sí mismo –

P.D. Gran Parte está Basado en un hecho real .
Es que ya le vale la tontería, dejar el coche sin el freno de mano echado. La costumbre es mala consejera. ¿Y ahora que hago yo? . ¡ Que hubo testigos ! . ¿Les habré dejado sin luz realmente? . Bueno, pues como dice mi prota, “ya lo arreglarán y que me pasen la factura, si es necesario”. ¡ Que remordimientos, Jolin

Segundo P.D. Ya lo arreglaron. Sí les había dejado sin luz, un finde enterito ó más inclusive, simplemente sería darle a un botón, no me han pasado factura ninguna, entra en gastos de comunidad. Sólo una bombilla y un trocito plástico. La farola está pelin torcida, pero ni se nota ni na. En fin. Intentaré ser menos descuidado.

La planta de isótopos.

En la planta de tratamiento de isótopos, la seguridad no era el punto fuerte, nunca lo había sido, pues la inversión necesaria para llevarla a cabo superaba con creces el presupuesto destinado a esa partida. Desde su puesta en funcionamiento, inaugurada a bombo y platillo por el presidente Autonómico, y por el alcalde, orgulloso de haber conseguido para su pueblo tan alto honor, que conllevaría puestos de trabajo, riqueza y fama para la comarca, atrayendo curiosos y turistas ociosos, ciertas cosas extrañas venían sucediendo. ¿Cuan de extrañas? . Cosas como encontrar un ofidio, una culebra de escalera con dos cabezas ó aparecer algún que otro tomate de un kilo de peso, camadas de cachorros de perro que superaban la docena de crías y de las que tan solo sobrevivían la mitad, ó la escasez de cangrejos, que desde la instalación de aquella planta habían empezado a menguar en número de individuos, cosas raras que no pasaron desapercibidas por los lugareños, que inquietos y alterados empezaron una campaña de movilizaciones pidiendo explicaciones. Y dio resultado.

Inés, una comisionada del ejecutivo central llegó al pueblo con su equipo de científicos y burócratas para investigar y calmar, aplacar los ánimos exaltados de la población.
Su trabajo no era fácil. Convencer a la gente de que aquella planta de tratamientos era inocua y sin el más mínimo atisbo de peligrosidad, iba a ser una ardua tarea, pero ese era su trabajo, aportar las pruebas necesarias para tranquilizar a todo el mundo, manipular incluso si fuese necesario esas pruebas, falseándolas, si encontrase un atisbo de riego, de exposición. Ella sabía donde estaba el límite, ó así quería creerlo y nunca había encontrado en toda su carrera un motivo lo suficientemente peligroso para emitir un informe negativo en ninguna de sus inspecciones, ya se tratase de un tipo de planta química, eléctrica ó nuclear, en una planta nuclear la hubiese llevado al cierre de la misma, pero siempre había una salida, como una parada de seis meses para reparar el reactor, o arreglar la grieta del vaso. Todo eran intereses económicos, cerrar una planta, ó una central suponía unas pérdidas millonarias para la empresa. Un mínimo de peligro siempre existía en estas plantas, pero con los controles que se llevaban a cabo y las medidas de seguridad que se implantaban en ellas, era ínfimo la probabilidad de que acaeciese un suceso incontrolable, insignificante era esa probabilidad. Nula era la palabra, convencíase a si misma, Inés.
La noche antes de partir hacia su destino, Inés estuvo haciendo el amor frenética y rabiosamente, como si fuese la última vez , lo cierto era que en dos meses no le volvería a ver, ese era el periodo normalmente establecido para aclarar los extraños detalles y sucesos que conllevaba su trabajo de investigadora fuera de su hogar, fuera de la metrópoli donde vivía. ¡ Pero que diablos ¡ , le pagaban cinco veces más cada vez que tenía que estar fuera tanto tiempo y por un trabajo que ella adoraba, y casi siempre, de forma generalizada, había sus donativos, sus óbolos en forma de dinero negro que llegaba a sus bolsillos procedentes de las empresas inspeccionadas para que hiciera la vista gorda en algún “detallito” sin la menor importancia, intranscendentes para la seguridad.

Esa noche, sin saberlo, en su interior se estaba gestando una nueva vida.

Cuando llegó al pueblo, en su cuerpo ya se había formado y diferenciado el zigoto, la célula resultante de la fusión de dos gametos, el óvulo y el espermatozoide, uno de sus óvulos se había fecundado y era tiempo para iniciar el desarrollo embrionario, el óvulo, con el material genético del espermatozoide empezaría a dividirse por mitosis en dos células, luego cuatro, ocho…., durante el proceso de la mitosis, dividida en cuatro fases, profase, metafase, anafase y telofase, la célula madre se divide en dos células hijas cada una de las cuales contiene el mismo numero y clase de cromosomas que poseía la progenitora, pues los cromosomas se forman por división longuitudinal de los que poseía la célula madre, cada una de ellas recibe por tanto la misma carga de cromosomas, pero si durante esa división de los cromosomas algo fallara por alguna extraña mutación o exposición a algún agente mutágeno o un simple error en la secuenciación … y todo aquello estaba sucediendo mientras ella saludaba respetuosamente al director de la planta de tratamientos de isótopos y se inmiscuía en todo el laborioso trabajo que conllevaba la investigación de un posible malfuncionamiento de aquella planta.

Sus primeros informes decían que todo era normal, todas las medidas de seguridad eran correctas, todo transcurría dentro de los cauces dictados por la Comisión Nacional de Energía. Todos estaban limpios.

Ese mismo mes, al notar que no le había bajado la regla, Inés empezó a preocuparse seriamente.

¡Ahora no! ¡Aquí no! ¡Joder! ¡Aquí no!.

Nunca hubiese permitido, de haberlo podido decidir, el quedarse embarazada mientras investigaba en aquellos inocuos lugares, pero nunca exentos de un mínimo riesgo. Compró un test de embarazo en la farmacia y recordó aquella canción que hablaba, ¿como era?, ¿cómo rezaba la letra de aquella canción?, se preguntó Inés, algo así como … cuando el predictor se viste de rosa … .
El test fue positivo. Estaba embarazada.

Inés renegó de si misma por haber cometido aquel error. Deseaba ser madre, pero decididamente no era aquel el sitio más apropiado para andar con un embrión en pleno desarrollo. Ya no había solución. No podía regodearse en sus problemas, darles vueltas y vueltas como una noria, rumiarlos como un herbívoro, ella no era así, Inés era de las mujeres que ante un problema se enfrentaba a él, le daba la cara y tiraba para adelante. Y ese adelante significaba seguir con su trabajo, acabarlo, poner más énfasis en sus mediciones y entregar un informe final.
Y ese informe final llegó. No existía nada que contraviniese las normativas de seguridad. El nivel de radiación estaba incluso por debajo de los límites considerados como normales. Había alguna cosilla sin importancia que su informe no reflejó, y eso le reportó algún dinero extra. Su nivel de vida lo requería.

Inés estaba capacitada moralmente para emitir, dentro de ciertos márgenes que no superasen la ilegalidad o su propia conciencia, informes falsificados, ella decía que simplemente estaban maquillados, para que todo se ajustara a las normas, y eso fue lo que hizo en el último de ellos, maquillarlo levemente, algo nimio, sin importancia, que no repercutía sobre el medio ambiente, ni sobre la población, e Inés estaba capacitada para estas insignificancias burocráticas, pero sin embargo ella no estaba capacitada para interrumpir el progreso de un nuevo acontecimiento, por ello, cuando le informaron que su futuro hijo nacería con el Sindrome de Down y que podría abortar, ella dijo No.
El mongolismo es una patología debida a una anormalidad cromosómica por triplicación del par 21, es decir, tenía tres cromosomas en vez de dos en el número 21, o por translocación y cuya causa bien podría ser … E Inés pensó en su trabajo.

Su conciencia moral, ética y religiosa le impedían abortar, a pesar de estar entre una de las causas tipificadas como lícitas para hacerlo.
Realmente era curioso como para ciertos aspectos de la vida somos tolerantes y para otros intolerantes. Difícil discernir.

Psique y Cupido . (Psyche and Cupid)

Psique y Cupido .  (Psyche and Cupid)

Versión libre de la leyenda

Psique

La rocambolesca historia de una sempiterna flecha, para ser más exactos, de un inmortal dardo, comenzó el día que su creador le dio forma.
Hermes, hijo de Zeus , Dios inventor y bienhechor, morador del Olimpo, amigo de los hombres y mensajero de los dioses, fabricó un instrumento punzante e invisible. Eros, hijo de Afrodita , el Dios del Amor, se encaprichó de aquel juguete, con tanto énfasis lo hizo que no dudó en firmar un pacto, el arco y la flecha a cambio de su primer hijo .
Eros tan creído de si mismo, fuerza eternamente insatisfecha que siempre consigue lo que persigue, aceptó el pacto, él era el Amor, jamás el Amor podría engendrar hijos, jamas Cupido tendría vástagos.

Psique, una linda muchacha de ojos verdes esmeralda, de tal belleza y soberbia que estaba enamorada de su propio reflejo en el agua de las fuentes y manantiales, siempre vagaba por entre aljibes y fontanas, mirando sus propias facciones en la transparencia cristalina de las aguas. Se vanagloriaba de su amor propio y despreciaba sin pudor a cuanto pretendiente se acercara a su casa, ya fuesen ricos, hermosos, galantes, héroes o reyes.
Su padre cansado del orgullo y prepotencia de su vanidosa hija consultó con el Oráculo.
Al día siguiente, siguiendo los dictados del Oráculo, Psique fue llevada a un rincón solitario de pletórica y desbordante beldad durante el día, pero donde ella debía permanecer en la más absoluta oscuridad de la noche.
Afrodita, al presenciar la hermosura de aquella joven, montó en cólera y le pidió a su hijo Eros que terminase con tamaña desfachatez.
¡ Una mortal haciendo de menos a una Diosa! ¡Imperdonable!
Y Cupido, armado del arco y flecha de Hermes bajó del Olimpo y hallose a Psique encaramada en una roca, a quien pretendía matar. En medio de la oscuridad de la noche, alzó su arco, disparó la saeta y al atravesar su pecho la contempló con otros ojos, quedo atónito de su belleza y prendado de ella y como los Dioses todo lo pueden, poseyola sobre la roca, en la noche, para desaparecer al amanecer el día.
Psique, cada noche, sentada sobre la roca, gozaba del amor de Eros en orgasmos de lujuria, en la impunidad de la noche, en la libertad del secretismo, tal era su placer que su amor propio cedió y se trasladó hacia aquel ser que la hacía suya en la noche.
Eros le habló el segundo día, le dijo que le procuraría todo el deleite y goce que nunca imaginó, cada noche, a cambio de que ella no le viera, no averiguase con quien yacía. Si un día una sola luminaria aparecía en su derredor, toda la magia se transfiguraría en desvelos.
Psique, pletórica de Amor, por el día, contaba a sus hermanas las dichas que a la noche vivía y ellas envidiosas y celosas, conocedoras de toda la historia, una noche, provistas con una lámpara, acecharon sus amoríos y encendieron una luminaria en la plena oscuridad, que les reveló el rostro de un Dios alado, el dios del Amor, Eros, Cupido, poseyendo a su hermana.
En medio de aquella luz, Psique contempló la desilusión reflejada en su bello rostro
Eros cumplió su promesa y abandonó a la mortal a su destino.
Sus tres hermanas acabaron sus vidas arrojadas desde un precipicio por orden divina.

Psique, entristecida, vagó por la tierra buscándole, sin encontrarle. Pidió ayuda a Zeus, pero este la castigó con la fealdad, su único don era llevar dentro de si el hijo de un Dios.
Y un día nació su hijo. Se le iluminó el rostro.
Hermes, pidió a Eros que cumpliese su pacto y le trajese a su hijo que acababa de nacer.
Eros bajó a la tierra, contempló asqueado la fealdad de Psique, le arrebató a su hijo y regalola un espejo para que siempre contemplase su fealdad. Psique lloró.
Afrodita, compasiva, al ver la fealdad y tristeza de Psique y sentirse defraudada por no tener a nadie con quien poder compararse en hermosura, pidió a Zeus que la tornase a su belleza , lo que el padre de los Dioses cumplió y con la belleza, retornó el amor propio, sólo, sólo el amor propio. ¡ Que crudo ¡
Lo siento, el autor de este relato no puede consentir tamaña crueldad, es una crueldad sin parangón, maligna, indigna, impía, aborregada, necia, estúpida, indecente, mejor la muerte que la tamaña afrenta. Condenarla al amor propio, después de haber sido poseída por el Dios del Amor es calamitoso, así pues, el autor prosigue : Psique, buscó a su hijo por todos los rincones y lo encontró jugando con Hermes, este, amigo de los hombres, se ofuscó ante la belleza de la mortal mujer y la hizo suya, Psique se entregó a la luz del día, sin miedos ni misterios y a pesar que el goce que la mujer sintió no tenía parangón con el que había sentido en la oscuridad al lado de Eros, tampoco estaba tan mal, la diferencia la compensó el cariño de su hijo.
Y el amor propio lo dejó para otros, había descubierto el amor compartido.

Alas rotas de mariposa

Las manos le empezaron a temblar mientras sujetaba el vaso lleno de zumo de naranjas, para mitigar aquel movimiento buscó otro punto de apoyo, sus labios, acercó el borde del cristal a su boca y bebió a pequeños sorbos el anaranjado líquido. El vaso parecía haber recuperado algo de estabilidad. Ya no temblaba tanto en sus manos. Su primer maná de la mañana. Naranjas recién exprimidas. Le había echado una cucharada de azúcar y un chorrito de miel de la Alcarria, comprada a un vendedor ambulante que iba de puerta en puerta. El zumo sin edulcorar no le gustaba, estaba agrio y fuerte y ella siempre había sido la persona más golosa del mundo. Y dulce. Azucarada. Honey. Melosa y mimosa.
Cuando retiró el vaso de sus labios, las manos volvieron a temblar. Lo depositó sobre la mesa y extendió sus dedos, mirándolos. Allí estaban, delante de sus ojos, con un memeíto rítmico y acompasado, eso la enfureció aun más. Entrecruzó los dedos y se dijo a sí misma que eso debía terminar.

Siempre que soñaba con mariposas su sueño se hacía pesadilla y arrastraba su fobia más allá de los límites que su realidad podía controlar. Demasiado patético. Más que miedo, era pavor, pánico, parálisis, una atonía plena de todos sus centros vitales, de su capacidad racional y de su intelecto.

Recordaba aquel día, con seis años, cuando empezó su miedo, ella jugaba en el jardín y su hermano perseguía insectos. Atrapó una mariposa blanca moteada con ribetes negros y muy ufano por la hazaña se sentó frente a ella y se la mostró, agarrándola por las alas, con sus dedos pequeños. María sonreía divertida. Era muy bonita y ella también quería tenerla, alargó su mano para cogerla, pero su hermano la retiró y en ese movimiento brusco, dos de sus cuatro alas se desgajaron de su cuerpo y quedaron aprisionadas entre los dedos de la mano del muchacho.

-¡Mira lo que has hecho¡ ¡Mira lo que has hecho¡ - le gritó- por tu culpa le he arrancado las alas. Ahora ya no me sirve para la colección que quería empezar. Toma, ¡Quédatela!.

Se la arrojó a la cara y se alejó a seguir persiguiendo juegos.

María notó el suave roce de unas patitas sobre su rostro y un aleteo blando y blanco y se asustó. Chilló. El insecto, sin poder volar, se había sujetado sobre su sonrosada mejilla y ella daba palmadas al aire para librarse de aquella cosa, que de ser bonita había pasado a ser una amenaza. Cuando logró zafarse del molesto bicho, aliviada, contempló como caía al suelo girando, con sólo un par de alas en su cuerpo, cual si formase parte de un remolino en descenso. Se alejó de ella dos pasos, pero al contemplar que permanecía inmóvil, indefensa, desarmada, volvió a acercarse y súbitamente la aplastó con su pie. Luego se quitó los zapatos y los arrojó lejos.

Hoy, después de veinte años, su fobia a las mariposas estaba grabada a sangre y fuego en sus sueños, en su vida. Hacía meses que no había sufrido un ataque como el de hoy, y estaba decidida a no volver a sufrirlo.

Cuando entró en el museo de Ciencias Naturales, preguntó por la sección de los lepidópteros y allá las vio. Detrás de una urna de cristal, clavadas con alfileres, con sus alas extendidas, una amplia colección de un muestrario heterogéneo y dispar, con un cartelito debajo glosando su nombre científico en latín. Y allí estaba ella. Su mariposa blanca aplastada bajo su zapato. La miraba desde dentro del cristal y sintió sus patitas arañando sus mejillas. Y sintió sus manos temblar y un sudor frio que le corría por la espalda y sus pies anclados al suelo que la impedían huir, y el insecto que se vengaba de ella, que se escurría sanguinolento bajo su zapato y trepaba por debajo de su pantalón, impelido por tan solo un par de alas, subiendo hacia arriba, clavando sus patitas cual garfios en su piel , rasgándola, y María soportaba aquel dolor imaginario por expiación al delito cometido hacía veinte años. Y ya la sentía trepar por su muslo y la sangre del artrópodo traspasar sus vaqueros y anegarlos con una mancha granate inventada por su febril imaginación. Apretó los dientes, apretó los labios, y cerró los ojos para no ver la sangre, pero no pudo cerrar los oídos al goteo de la sangre sobre el entarimado de madera. La notó subir hasta su cadera, llegar a la cintura, golpeando la corteza de su figura con aleteos de moribundo, sintiendo fluir un liquido por su epidermis, sangre de mariposa que en un hilillo manaba sobre su piel ensuciándola, ¿ó era acaso su propia sangre la que corría?.
Ahora la sentía dando vueltas y vueltas en torno a su cintura, como aquella vez, cuando, desde su cara, caía al suelo girando sin la parte más apreciable de su anatomía, un par de sus alas. Y seguía dando y dando vueltas en torno a su cintura, chorreando hilillos de resentimiento y venganza.

- ¿Qué quieres? ¿Qué quieres de mí? – le dijo en un susurro a su locura – Acaso…, acaso…, ¿La libertad?

Sus manos desabotonaron la camisa a la altura de su cintura y un precioso insecto revoloteó hasta sus mejillas, clavó sus patitas en ella y siguió subiendo, escalando. María cerró sus ojos cuando la sintió anclada al borde de sus pestañas y luego un ruidito, la trompa de la mariposa desenrollándose y metiéndose por debajo de su párpado, palpando su pupila …

… Cayó al suelo sin sentido.

Cuando salía del centro de salud, creyó oir una voz que la llamaba desde detrás del seto de aligustres. Se asomó. Allí estaba de nuevo su mariposa, pero esta vez era real, tenía los dos pares de alas intactas y se estaba debatiendo entre la maraña que formaban los hilos de una trampa perfecta, de una inmensa tela de araña. Pensó en huir, dio dos pasos hacia atrás, como aquel día, pero al verla allí, indefensa, desarmada, víctima, se acercó y súbitamente rompió aquella fina tela, con cuidado deshizo el enredo y la mariposa quedo libre, revoloteó un par de veces en torno de su excarceladora, como si estuviese dándole las gracias, María la sonrió, y se fue alejando con aleteos zigzageantes, hasta desaparecer.
Había dejado de tener fobia a las mariposas.

Cuando intentó desembarazares de los restos de tela de araña pegados en sus dedos, notó unas patitas correteando por ellas y fue cuando la vio, una pataslargas subía por su brazo, escapando de un peligro inminente. María se la sacudió de encima con un manotazo y la vio corretear por el suelo a marchas forzadas. Al pasar junto a su pie, ella lo levantó para dejarlo seguidamente caer con fuerza.

Ahora , María le tiene fobia a las arañas.

Girasoles

El verano estaba empezando a declinar, los inmensos campos de girasoles, amarillos, se estaban marchitando y ella tenía que partir, dejarlos atrás, volver a su hogar, abandonarlos.
Sentí que todo se marchitaba al verla partir, un adiós, un para siempre, un hasta luego, un nos vemos, un pásatelo bien, un diviértete, un se feliz, un besito, un abrazo, un suspiro.
Y un agitar de manos, cual aspas de molino al viento, de despedida, mientras el tren partía jodidamente puntual, sin compasión, ¡maldita sea!, inmisericorde a los sentimientos.
Y en un batir de alas de mariposa, ella desapareció, se desvaneció en la niebla que envolvía el presente.
Un te quiero en silencio, bajito, lanzado inconscientemente al aire de la mañana, cuando la bruma ya no le permitía ver nada, cuando la lejanía no le permitía a ella escucharle, le hizo sonrojar, cuando otra mujer que no era ella y pasaba a su lado por el andén de la estación, le oía pronunciar aquellas dos palabras dirigidas al vacío, a un tren que se alejaba y se volvió para mostrarle una sonrisa en sus labios de complicidad y comprensión al verle rodar unas lágrimas por sus mejillas.
Volvería a buscarte, a sentir tu mirada satinada de esperanzas e ilusiones, de risas, de vida. ¿Mañana? . No.
¿Por qué me esfuerzo en engañarme? . ¿Por qué? .
Cuando los girasoles se marchitan ya no buscan los rayos del sol.
Te veré en fotos amarillas, en recuerdos compartidos. Tal vez el próximo verano.
Donde estés estoy contigo.

Siempre te recordaré como en aquella tarde de verano, paseando junto a los girasoles.
Era un luminoso día, radiante, caluroso, veraniego, y durante el paseo que ascendía desde la casa al campo cultivado iba contemplando tu belleza, tu animosidad, tu charla familiar, tu vitalidad. El calor se iba mitigando mientras aparecían unas nubes tenues en el cielo que no llegaban a tapar el sol.
No sé si tú recordarás nuestras risas bajo la débil lluvia que dejó caer esa nube de verano, yo jamás las podré olvidar, tu delirio lleno de frenesí, tu excitación, tu locura, la espontaneidad hecha arrebato, hecha júbilo, cuando empezaste a dar vueltas sobre ti misma con los brazos extendidos, danzando, danzando, danzando, extendiendo los brazos en cruz, girando, girando, girando, mirando hacia arriba, hacia el cielo y cerrando los ojos, sintiendo la lluvia hecha rocío sobre tu piel, sintiendo como la lluvia acariciaba tu rostro, la lluvia te había hecho enloquecer de emoción, las gotas de agua resbalando, recibiendo su placentero cosquilleo, limpiando los poros, y al cerrar los ojos, volar, trasladarte al reino de los deleites sensuales, dando vueltas, insuflando tus pulmones del aire fresco, húmedo, que las gotas de lluvia nos proporcionaban. Y no podías parar, riendo enajenada, feliz, rodando, se te veía tan llena de alegría, tan espontanea e irresponsable, tan vivaracha, tan infantil y tan niña a pesar de tus treinta años.
¿Sabías que estaba lloviendo?. ¿Sabías que la lluvia envolvía tu cuerpo?. ¿Sabías que la gente corre a esconderse cuando llueve?. ¿Sabías que huye, desaparece y se escabulle?.
Y sin embargo tú no, tú bailabas bajo la lluvia, insensata de tí, irreverente, desenfadada, y me alentaste a imitar tu juego exhortándome a danzar contigo, a bailotear al ritmo de tu voluntad, lo hiciste con tanta energía, que mi propia y sobria realidad se disipó, y te cogiste de mi mano y perdí mi compostura de adulto y regresé de nuevo a mi infancia, a esa época en la que no me importaba quedar empapado bajo la lluvia, sino que disfrutaba de ella, y chapoteaba en los charcos calándome hasta los huesos, manchándome de barro. ¡Que carajo! ¡Disfrutaba!. ¡Lo pasaba en grande!
Así, desinhibidos, infantiles, sin complejos, desenfrenados, cogidos de una sola mano, con el otro brazo libre, extendido en sentido contrario, giramos el uno sobre el otro manteniéndonos en el mismo punto, nuestras manos entrelazadas formaban el centro de la circunferencia, y nuestros brazos eran los radios y dimos vueltas y vueltas cual remolino, uno en pos del otro, dos vueltas, tres vueltas, cuatro vueltas… y al levantar los ojos a las nubes y sentir las gotas en mi rostro, sobre mis párpados cerrados, una sonrisa de placer se dibujó en mis labios, ¡ era tan agradable sentir el contacto de la lluvia en la piel de la cara, en aquella tarde calurosa¡, a la vez que mojaba nuestros cabellos, nuestra piel, nuestras ropas, y el calor sofocante del verano se diluía en frescura sobre nuestros cuerpos.
El campo que nos rodeaba, entonces, empezó a moverse bajo nuestros pies, cada vez más insinuante, más vertiginosamente, y ya era imposible pararlo, imposible controlarlo, se movía solo, era el suelo el que se movía mientras tú y yo cogidos de una mano dábamos vueltas, como un carrusel de feria, como un tiovivo, empezaba a comprender lo que sentían mis tubos de ensayo cuando giraban en la centrifugadora del laboratorio. Como si tuviera vida propia andarina , los girasoles corrían de izquierda a derecha repetitiva e interminable, amarilleando, y mi mano se sujetaba a la tuya tenazmente para no caer, mientras desafiábamos a la fuerza cinética que nos empujaba hacia el exterior, desafiando a la fuerza de la energía cinética que nos pretendía separar e impeler hacia afuera, y la lluvia caía hacia arriba y ambos gritamos como dos energúmenos, como dos poseídos, endemoniados, el aire salía con tanta fuerza de nuestros pulmones y los gritos eran tan estridentes, -no recuerdo haber gritado nunca así, salvo en un concierto de música y ni siquiera entonces-, que de haberlo repetido en la ciudad hubiésemos terminado envueltos en dos camisas de fuerzas y encerrados para siempre en un psiquiátrico, porque eso era lo que parecíamos allá, los dos locos más locos que encontrarse uno haya, en mitad del camino que envolvían los campos de girasoles que se extendían a derecha y a izquierda, y el agua resbaló por nuestras gargantas, humedeció nuestros labios, lavó el sudor de nuestros cuerpos, resbaló por nuestra piel caliente, enfriándola, evaporando todos los prejuicios, y cuando el mundo ya no quería parar de girar, no nos obedecía, se había revelado ante nuestra autoridad, nos había faltado al respeto, campaba por su fueros, se había vuelto desequilibrado y no dejaba de dar vueltas y giros a nuestro alrededor, me estaba empezando a marear, y tú también, y los girasoles parecían haber cobrado vida, haber desenterrado sus raíces, que convertidas en piernas utilizaban para correr a nuestro alrededor en una carrera sin fin, tú, como una bailarina de ballet, te enroscaste sobre ti misma, te fuiste enroscando sobre tu brazo y luego sobre el mío y nuestros cuerpos se fundieron en un abrazo bajo la lluvia y allí sentí por primera vez, bajo los efluvios del mareo, tu piel palpitante, jadeante, tu corazón latiendo inmoralmente cerca del mío, y un temblor no debido al mareo recorrió todo mi ser, aquello duró un suspiro, un segundo, un instante, pues ambos cuerpos perdimos el equilibrio y rodamos por el suelo, sobre el manto de hierba y hojarasca crepitante, relucientemente salpicada de gotitas de lluvia y volví de nuevo a sentí tu cuerpo, tu piel, tu contacto, el mundo dando vueltas, el agua, tus gritos entusiastas y divertidos, mi corazón latiendo mareado, mi cerebro volteando, desmayado, mareado. Tus risas. Tu cansancio. Tu jadeo. El dolor de la caída. El no querer soltarte. Tu mirada y desvarío, y al final del juego, al final de nuestra travesura, de aquella locura, al final del desenlace, ese darse cuenta, esa caída a la realidad, ese despertar y ver que nuestros cuerpos yacían enredados, pegados cual hiedra a la pared. Allí, a tu lado, cerré los ojos en un relámpago, y al abrirlos, seguías dando vueltas, vueltas, el agua caía hacia arriba y no podía físicamente soltarte porque te escaparías rodando, por el efecto del mareo, y tú también te agarrabas a mi con manos y brazos de hierro, en un asfixiante apretón, en un no querer soltarte, pero al parar la tierra de dar vueltas a mi alrededor y quedarte quieta en mi realidad, pudiendo soltarte, zafarme de ti, no quería hacerlo, no deseaba hacerlo.
Tus ojos se cerraron. Yo y el mundo seguíamos girando aún para ti. Los besé. Besé voluptuosa y lujuriosamente tus párpados. Los abriste al sentir el contacto y sonreíste. Te soltaste de mis brazos, aún levemente mareada, empujándome y te pusiste de pié de un salto, de un brinco. Me tendiste la mano para izarme del suelo, para ayudar a levantarme y luego escapaste nuevamente, trotando cual yegua encabritada.
Ese día que jugando, te tuve entre mis brazos, me enamoré de ti sin quererlo.
Un amor prohibido.
Todavía con una sonrisa extasiada en tus labios, contemplabas eufórica el Arco Iris, que se perdía tras los campos de girasoles, ¡Es precioso! ¡Maravilloso! , y volviste a dar vueltas sobre ti, nuevamente con los brazos extendidos en cruz, mirando los colores del recién nacido arco celeste.
¡Estás loca!. ¡Para! . ¡Ya no llueve!. ¡Te vas a volver a marear!
Y cuando paraste, y el mundo dejó de dar vueltas a tu alrededor, me dijiste que habías visto al cielo sonreír en siete colores, te había atrapado, se había diluido y lo habías usado de tobogán resbalando sobre él en un dejarte ir.
Decididamente loca.
Cogiste mi mano y me hiciste girar, obligándome a danzar de nuevo, luego la cintura, cada vez más y más rápido y te oí decir. Ahora mira al cielo. Y era cierto, el arco iris también giraba y daba vueltas conmigo transformándose de convexo a cóncavo, de arco a sonrisa de colores y besaba los girasoles fundiéndose con ellos.
El cielo sonreía en colores.
Fue la primera vez que vi sonreír al cielo. Dibujando unos labios de colores. Fue la primera vez que vi girasoles bailar. Azul, amarillo, gris y verde y una sonrisa que lo abarcaba todo, amplia, quimérica, profunda, enamorada.

Cuando atravesamos el umbral de casa, tu hermana nos regañó a los dos por el lamentable estado en que habíamos regresado. Yo, por defenderte, me declaré culpable, culpable por haber querido enseñarte los campos de girasoles, culpable por haberte llevado por aquella resbaladiza pendiente, donde el agua nos hizo resbalar y rodar por el suelo, mintiendo, y a ello era debido el penoso estado de suciedad, cardenales, golpetones y algún que otro desgarrón en la ropa, pero ella, tu hermana, claro, no me creyó. Arguyó muy convencida y jocosamente divertida que la culpable definitivamente eras tú, que yo era demasiado prudente, demasiado sensato, demasiado adulto para todo aquello y que no me dejara manipular por esa criatura, que eras tú, que estás peor que un cencerro, que eres una locuela, vividora endemoniada.
Y esos girasoles que orgullosos se erguían hacia el cielo en el verano, ahora, al partir tú, han empezado a marchitar, han doblado sus cabezas bajo el peso y ya no giran con el sol, no dan vueltas, no bailan, se marchitan. No sonríen. El cielo ya no sonríe, el campo ya no da vueltas, el arco iris ya no se forma. Todo ha vuelto a la normalidad.

- ¿Crees que mi hermana es feliz en la ciudad con su marido? – Me preguntó mi mujer – Cuando llegó a visitarnos hace quince días, se la veía triste y algo melancólica, creo que le ha sentado bien el aire del campo, la he visto ir mejorando y volviendo a ser la de siempre, alegre y feliz, creo que deberíamos convencerla para que pasara más tiempo con nosotros.